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Descubre el secreto del Valle del Nansa

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Formado por las aguas surgentes de tres cumbres semi sagradas, Peña Labra, Peña Sagra y Sejos, el río Nansa en sus escasos 50 kilómetros, conforma el homónimo Valle del Nansa.

Desde Peña Bejo hasta Tina Menor,  infinidad de historias y leyendas, pinturas Gravetienses. Dólmenes, Menhires  y Necrópolis. Torres, torreones y castillos. Ídolos, iglesias, ermitas,  santuarios y humilladeros. Molinos, lavaderos y abrevaderos.  Ferrerías, hórreos y paneras. Casas y casonas, componen una compleja sinfonía llena de vida y color, donde el viajero encuentra un pequeño mundo casi olvidado.

Peña Sagra

Emprendemos el viaje desde la desembocadura hacia su nacimiento, desde Tina  Menor, que así se llama la ría estuario donde el Nansa tributa sus aguas al mar Cantábrico. Un espacio natural de alto valor paisajístico donde se forman las playas de Amió y Las Arenas y las que merece la pena contemplar desde los altos acantilados, sin duda unas vistas espectaculares merecedoras del propio Gerardo Diego: “Y cuando en la Tina vuelcas tu viril sed de venganza, tu querella el mar asume, río mártir, río Nansa”.

Y adentrándonos en el valle nos recibe la población de Pesués, que con su humilde embarcadero nos despide de la zona marítima y nos abre la puerta al valle propiamente dicho.

Pesues Cantabria

Subiremos aguas arriba e iremos encontrando pequeños pueblos como Muñorrodero, Camijanes, y los desvíos hacia Bielva y Rábago a nuestra izquierda y a la derecha cruzando el río en Puente El Arrudo hacia Cades y Quintanilla.

Saldrá a nuestro paso, tras dejar a nuestras espaldas el desvío que nos hubiera conducido a Rábago, la impresionante mole de hierro y cemento que forma la presa del embalse de Palombera, punto final del viaje de innumerables salmones, que tras atravesar el océano se ven impedidos de acceder a las cristalinas aguas de las cabeceras.

Zona superior de la Galería de las Columnas de la Cueva El Soplao

Y desde esta localidad de Rábago tendremos acceso a la Cueva El Soplao, cavidad única, a la que obligatoriamente hay que hacer una visita.

Tras dejar Celis a nuestras espaldas llegaremos a Puentenansa, capital del valle, para continuar viaje hacia el segundo ingenio industrial, el embalse de la Cohilla, pero antes habremos atravesado localidades como, Cosío, Rozadío,  Santotis y La Lastra, y avistado a nuestra derecha en el sentido de la marcha, el caserío que forma la población de Tudanca y su famosa Casona, donde en el siglo pasado se reunían lor prohombres de la generación del 27 y  acudían a la llamada de José María de Cossió, como si de un concejo literario se tratara, Unamuno, Gerardo Diego, Giner de los Ríos, Cela, Gregorio Marañón, Alberti, Miguel Hernández… compartieron entre otras cosas,  sus tertulias literarias y su pasión por el mundo de la tauromaquia.

Tudanca Valle del Nansa

Tras ascender por una serpenteante y casi inverosímil carretera accederemos al mencionado embalse, para continuar y tomar el desvío que nos conducirá a los pueblos de Puente Pumar primero, Lombraña y Tresabuela como punto final de nuestro recorrido.

Pero sin duda este viaje no puede quedarse aquí, en una mera retahíla de nombres de localidades, en un traslado meteórico de un punto de salida y un de llegada, porque a lo largo del recorrido hemos llenado  nuestra retina de millones de imágenes que si no van acompañadas de un título y su historia, nuestro viaje habrá sido un traslado hueco, vacio.

Como descubrir las miles y miles de historias escritas a lo largo de los siglos, desde los moradores  de la cueva El Chufín, hasta nuestros días. Vidas e historias de los esforzados moradores que levantaron y grabaron los Menhires de Sejos o el idólo del Hoyo de la Gándara, la Torre de Obeso o la torre medieval de Cabanzón. La casa de Los Rábago, la rectoral de Polaciones o la Casona de Lombraña. Las casonas del pueblo de San Mamés, o los puentes sobre el Nansa de la Herrería y Casamaría, los hórreos de Belmonte y Riclones, la Panera de Cades, o los Invernales de Tanea, edificios y construcciones que a pesar el tiempo transcurrido desde su edificación siguen plenas  de vida y de anécdotas que estamos obligados a conocer, si de verdad queremos decir “yo he estado en el valle del Nansa”.

Ferreria de Cades

También en Cades, podremos quedar perplejos visitando lo que en su día fuera un gran complejo industrial y digo gran complejo si tenemos en cuenta el tiempo y el lugar donde se encuentra, se trata de la Ferrería de Cades. Data del 1752 y su función primordial era la producción de hierro mediante la fundición del mineral con carbón vegetal, en la actualidad “El Mazo” con el que se “Batía” el hierro en bruto sigue en funcionamiento, todo el ingenio funciona a base de la energía motriz del agua.

No podemos ser indiferentes, al legado arquitectónico religioso del valle, con iglesias, ermitas y humilladeros que en alguno de los casos datan del s.XII, como la iglesia románica de santa Juliana de Lamasón.

Como tampoco nos puede pasar desapercibido el alto valor paisajístico del entorno, destacando la ya mencionada ría de Tina Menor, el Estrecho del Bejo, lugar donde se levanta el embalse de Cohilla, el Collado de Ozalba, la Braña de los Tejos, el Collado de Hoz, el Pozo Verde y Pozo Negro, la Cascada de Lafuente, o la turbera de Cueto de Avellanosa. Lugares todos ellos que se deben visitar y conocer en tu viaje a este rincón de Cantabria.

Cueva EL Chufin

Una buena forma de adentrarse en el corazón del Nansa, será recorrer las innumerables sendas y caminos que entrelazan pueblos y lugares, montes y miradores, collados e invernales, como la ruta: Bielva – Cades – Cabanzón – Camijanes – Bielva, la Ruta a la Braña de los Tejos, o el Circuito de los Puertos de Sejos, el mirador del Poeta, el mirador del Potro,  el mirador de la Cohilla, o el mirador de la Cruz de Cabezuela,sin duda, rutas y lugares que ninguno de ellos nos defraudarán.

Y,  a modo de despedida, el recordatorio a la frase que figura en la fachada de la Casa de la Corralada en Lamasón, “Cuantos pasan Que no Vuelven” para que en vuestro caso no se cumpla y pronto, muy pronto, no solo penséis en volver, sino que volváis a este maravilloso valle donde según dice la leyenda:  “fue el lugar donde Noé encalló su arca”.

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