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Miramón y Cotillamón, las tetas más famosas de Cantabria

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No hay en toda Cantabria dos formas tan iguales, tan perfectas y que se puedan admirar desde un lugar que parece sacado de un cuento. Son las tetas más famosas de Cantabria y están en una pequeña localidad cántabra. En realidad son dos formas rocosas que resaltan entre el paisaje.

 

 

Miramón y Cotillamón se pueden divisar desde el puente romano de Liérganes. Antes, o, después de tomarse uno de los mejores chocolates con churros del país. Fue Alfonso XIII quien puso esta merienda de moda. Durante más de 7 años acudió a “tomar las aguas” al Balneario  de la localidad. Amante de las buenas costumbres españolas era típico verle disfrutando de este manjar en algunas cafeterías del pueblo. Y desde entonces, cuando el clima no acompaña, es, sin duda, una buena apuesta. Recomendaciones, ninguna. En cualquier sitio está delicioso.

Liérganes es una localidad empedrada y no apta para tacones y grandes alturas. Es casi medieval, con casonas antiguas de piedra donde poder alojarse y los balcones más floreados de todo el norte de España. Cada año se premia al más florido. Aunque sin duda las flores no son su mayor atractivo, sino sus cactus. Cordones alargados, que no pinchan y que alcanzan longitudes inmensas. Dicen que son de origen mexicano, pero nadie sabe su nombre. Así que son los “cactus de Liérganes” porque no se ven en ninguna otra parte.

Hombre Pez

 El encanto del pueblo se ha ido construyendo durante siglos y siglos. Quizás, todo empezó con la historia de Francisco de la Vega, un muchacho que de haber nacido en esta época nos hubiera dado medallas de oro en Natación en los Juegos Olímpicos. Francisco se fue a nadar un día, y apareció, seis años después, en Cádiz. Quienes lo recogieron supieron que era de esta localidad y lo devolvieron allí. Tras 9 años en casa de su madre, se fue al mar, para nunca regresar. Ahora su recuerdo vive a la orilla del río Miera. Solo allí es posible bañarse con un hombre pez al que todo el mundo abraza para hacerse una foto. El pueblo cuenta, con un molino museo dedicado a este hombre de bronce y mirada triste, conocido como “hombre pez”.

      Al finalizar nuestro paseo podemos recorrer las antiguas calles del pueblo buscando una muy especial. No diré dónde está, pero sí que fue una Real fábrica de Artillería que en sus 200 años de vida fabricó más de 26.000 cañones.

puente de Lierganes

Y, ¿qué es una visita turística sin llevarse un recuerdo? Allí lo típico son los sacristanes, unos dulces hechos con azúcar, harina y mantequilla. Probarlos en la confitería María Luisa. Aunque yo soy más de sobaos pasiegos, si vais podéis buscar los de La Zapita, muy ricos y más difíciles de encontrar fuera de la Vega de Pas.

      Sin embargo, obligatorio es llevarse un “quesuco fresco” de Quesería Cobo. Nada que ver con cualquiera que haya probado antes. Aquellos están hechos de manera artesanal y con leche de vacas que pastan todo el día el verde de las montañas.

      Dicen que “Quien no conoce Liérganes, no conoce Cantabria”. Verdad o no, sin duda es una visita obligada.

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